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¿Cuál es la emoción que viene después de los veinte? Es que en la adolescencia pensamos que ya lo hicimos todo. Todas aquellas primeras veces que nos dejan huellas de intensidad que nunca olvidamos, y que nos mantienen con expectativas que nunca podrán ser superadas después de los veinte. Porque nos curamos de espanto, porque es fácil caer en el exceso de excesos, para evadirnos, para dejar de sentir, para no sufrir, y ahora somos inmunes a conmovernos, a remecernos, a estremecernos por algo. La vida de aquí en adelante me parece tan predecible, que no sé si me alcance la paciencia para esperar un "nuevo aire".
Yo por yo.
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No era la primera vez que viajaba. Antes ya había volado en avión, del cual lo que más recordaba era la maleta de dulces rosada, y la mochila Ladeco (esa empresa anterior a la era LAN), llena de lápices y libretas para dibujar. Siempre le gustaron mucho los colores; desde pequeña se sintió seducida por las tonalidades intensas y las formas llamativas. Dibujó mucho, recuerdo, siempre con más empeño que talento. Pero bueno, era una niña; la misma que mandaron al jardín a tempranos tres años para que no rayara más las paredes de su casa. Quizás tenía mucha energía, por eso siempre prefirió las pistolas a las muñecas. O los soldaditos, esos de plástico que vendían en una bolsita, como cualquier otro producto del supermercado de la esquina. Su mamá se preguntaba que si tanto gusto por lo masculino la iba a hacer rarita cuando grande. Sus dudas quedaron negadas con creces años después, pero ese es otro tema. Iba mirando por la ventana. Después de pasar unas tres horas sola con su hermano, ...
Siempre queremos más.
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Por primera vez en los siete años que te conozco, siento que me ignoras. O quizás me ignoraste esa año nuevo, ese en que no gané el sorteo. Lo que si sé es que no pasé inadvertida. Es que siempre, cómo decirlo, combinamos. Fuimos una buena dupla, hicimos buenas cosas, dijimos otras mejores. El mundo ciertamente era más bonito en ese entonces, cuando teníamos menos desiluciones y fracasos en el cuerpo. Pero pedíamos más, porque siempre queremos más. ¿Era porque nos movíamos en estándares fifa? Tuvimos todo allí, la felicidad allí, las tardes increíbles allí, y acá, hoy, todo me suena a recuerdos épicos. Si volviera a ese estadio, no sería a uno menos espectacular que aquel. Y eso que odio las metáforas deportivas, igual que Cameron.
Desarma y Sangra (fragmento)
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De forma espontánea, mientras prende el sexto cigarrillo de la corta jornada de trabajo y plantea su idea sobre cual sería la mejor forma de programar el marco teórico (y su idea es buena, ella lo sabe y sus compañeros de trabajo esperan que ella se pronuncie, su juicio es reconocido por ser certero, audaz, y de una u otra forma siempre logra reconducir el discurso del otro al suyo propio) gira su vista hacia el ventanal con las cortinas corridas del departamento de su amigo. En vez de detenerse en la belleza de la ciudad de noche, vista desde una altura panorámica, ve su cuerpo y su rostro reflejados en el vidrio. El impacto que le produce su imagen proyectada la causa una desagradable sensación. Ve su cintura aumentada por el pan que ha comido a destajo la última semana; sus ojeras, esos dos semicírculos alabados por él, de un morado intenso, que la hacen ver enferma, demacrada, vieja. El cigarro, que ha aumentado las precoses líneas de expresión de las orillas de su boca, y que son...