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Espera

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Trabajaba por esos días como obrera de una tienda de retail. Mi primer verano en Santiago, mi primer mes en el Sindicato de Astronautas, el mes en que leí mi primer libro de Benedetti. Los días eran pesadamente iguales, con un tono arenoso, áspero, aturdido. Recuerdo sentir claramente como la rutina me volvía a pedazos más amarga. Ser amargo es un estado que fluctúa, momentos en la vida que son alimentados por sucesivas situaciones donde el mundo te menoscaba, te veja. La violencia se ejerce cotidianamente, de una manera que difícilmente podemos controlar o evadir. Tomar la micro, la Alameda por las mañanas, el aire acondicionado, sentarme a esperar, esperar, esperar. La sensación que guardo de ese tiempo es la conciencia de haberme pasado la vida esperando: esperando la micro, esperando no llegar tarde, esperando que llegue la gente, esperando que sea la hora de almuerzo, esperando que sean las 8 y salir. Salir a esperar que no sean pronto las 9, esperar que esa pega pase pr...

Social Media Day

Hace un par de semanas se celebró el día de las redes sociales. “Porque las redes sociales nos han cambiado la vida” –o algo parecido- rezaba el slogan de un evento gratuito que se haría en el barrio bellavista, transmitido por internet para el mundo. En twitter, mucha gente se estaba sumando a una convocatoria que ya había sido cerrada hace un par de días, por la capacidad del lugar del evento. Era tan fácil como llegar e inscribirse. Todo muy democrático, fácil y bonito. No estuve convencida de ir, hasta que un amigo no nativo de las redes sociales, pero sí muy ñoño, me dijo que fuéramos. Si la convocatoria alcanzaba hasta más allá de los habitué de este tipo de eventos, debe ser algo interesante, fue mi conclusión. Luego vi la entrevista que el organizador (Juan Pablo algo, no recuerdo) dio en CNN Chile, y terminé de convencerme. Parecía ser un espacio genuino de encuentro entre personas que viven mediadas por la tecnología y la conectividad. Sin responder necesariamente a ese perf...

La bonitización de la Revista Paula

Hace muchos años que leo periódicamente la revista Paula. Incluso antes de darme cuenta de lo mucho que me gusta el periodismo. Y desde que lo estudio, me empezó a gustar más. La libertad con la que hacen reportajes a fondo, de temas no necesariamente contingentes, pero con enfoques que captan a una gran cantidad de público, y por sobre todo, a su público objetivo. Un par de veces me han preguntado por mi "trabajo ideal" y creo que, dentro de todo, sigue siendo la idea más clara que se me viene a la mente para responder esa pregunta. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, he notado sutiles cambios en su línea editorial. Acordes al mercado y a esta ola sin control que toma a la gente linda como el referente universal. Y con ellas, a los objetos caros y exclusivos. Más allá de la mirada crítica en torno a los prototipos de belleza y consumo, creo que este reportaje es un buen ejemplo del alejamiento de la revista del enfoque democrático e inclusivo que por mucho tiempo la cara...

Consejo

"Usted, mijita, no es el personaje de una novela", dijo mi abuelo hace muchos años. Todavía no le puedo hacer caso.

Estenopeica

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Fotos tomadas con una cajita de madera, reveladas por mi. Todo un arte esto de las fotos. Agradecimientos a Fabian, quién aceptó posar semi desnudo para mi.

Posmo.

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Feliz cambiaría la relación de desahogo que he generado con el teclado por un lapiz, y esta pantalla por una hoja en blanco. Pero aún sigo extrañando de twitter la facilidad de putear y sentir que así las cosas son un poco menos peores. O que la retroalimentación instantánea que allí se produce haga que sea fácil cambiar de tema. Los tiempos de internet, que le llaman. Pero ya no quiero. No quiero que la única razón para apagar el computador sea que tengo que dormir. "la vida requiere movimiento e internet nos estanca, twitter nos estanca" me dijo Ovejuno el otro día. Y tiene razón. E incluso si no tuviera buenas razones para disfrutar la vida, comenzaría a buscarla en otro lado, en otras cosas, en otras compañías.

La villa.

Todos los sábados salía con tres boletas y tres botellas. Saludaba a los perros, puteaba por los plátanos orientales y después se comía un completo viendo tele en el bajón del Otto. Aún no decide si el próximo año busca un departamento en el centro.