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Me cuesta creer en lo que siento

A veces siento que decidir ir al psicólogo es la decisión más importante que he tomado en la vida, no tan solo por cómo he avanzado en mi autoconocimiento desde que me regalo esa instancia, sino porque es la primera cosa que realmente decido por mi. Eso es algo que ella  — María Antonieta —  constantemente me repite: tú siempre estás en función de los demás. Entonces yo miro el espejo de la sala donde martes por medio nos encontramos  — ese espejo que bien podría estar ocultando a una clase completa de psicología, quizás sólo a su supervisor o probablemente a nadie —  y pienso que a veces, muchos días, no me gusta mirarme al espejo, rehuyo ver mi mi cara reflejada. Entonces, hoy le dije eso, algo que escondo hasta de mi porque entra en el rango de lo privado más vergonzoso, de las miles de capas bajo las cuales nos escondemos para protegernos de este mundo, de este mundo ingrato y lleno de sufrimiento  — y tan lleno de amor y belleza, también —.   Lueg...

Desde aquí hablo.

Ha sido un arduo trabajo encontrar un lugar en el mundo, un lugar en el cual situarme y desde el cual construir un discurso y una ética propia. La respuesta a mi aspiración en la vida hoy es esa: vivir bajo mi propia ética. Una ética donde el quehacer y el deseo, tan brutalmente separados por la vida moderna, luchen a cada instante por encontrarse, por hacerse uno. Una segunda certeza que tengo proviene de lo anterior y se trata del conflicto: la vida es fundamentalmente una lucha. O una palabra que evoque el sentido del esfuerzo que implica una lucha, sin -necesariamente- la connotación bélica de la misma. Pero es, siempre, una oposición de fuerzas: la lucha del individuo por subsistir, pero también *y aquí quiero ser enfática* la lucha del individuo por encontrar el propio bienestar. Trato de aludir a Jung con esto, en su concepto de individuación :  "Individuación significa llegar a ser un individuo y, en cuanto por individualidad entendemos nuestra peculiaridad más inter...

No hay que olvidar el dolor.

I Tengo un recuerdo vago del sufrimiento, me cuesta situarlo, me cuesta rememorarlo en su magnitud. Sé que he tenido mucha pena, sé que lloré mucho en mi infancia. Recuerdo haber pensado, ¿Por qué me ha tocado esto? Otros estaban llenos de amor, personas suaves, atentas, cariñosas. Necesité mucho amor en esa época. Recuerdo el frío y la textura de los abrazos de mi papá, sus manos con olor a cigarro. A veces -sólo a veces- me miro y veo a esa misma niña que reniega de sus relaciones, porque siente que el amor verdadero está allá afuera, entregado por azar a otras personas, a otras Paulas. II ❝ Oliver tenía una teoría que llamaba “Amor, etcétera”: en otras palabras, el mundo se divide entre las personas para quienes el amor lo es todo y el resto de la vida un mero ‘etcétera’, y las personas que no valoran el amor demasiado y para las que la parte más interesante de la vida es el ‘etcétera’.   Elegí el amor como refugio porque primero me cobijé en las n...

La cooperación como motor de transformación social

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Hay un rasgo característico de la clase media chilena y eso es la lógica transaccional. Así como ya es una lógica instalada en nuestro adn de consumidores creer que  si queremos acceder a un servicio de buena calidad debemos pagar por ello, cuando nos ofrecen un trabajo o nos hablan de un nuevo proyecto siempre esperamos saber cuánto nos podrá retribuir económicamente. Difícilmente asumimos empresas “pro bono”, como se conoce en nomenclatura gringa, porque la clase media, más allá de estar atada estructuralmente a depender de una cierta cantidad de dinero mensualmente, funciona administrando sus recursos en una corta cantidad de tiempo, razón por la cual también es tan poco común que las familias o los jóvenes profesionales tengan capacidad de ahorro. Esto no sólo es  por la escasez de recursos -que aunque no escaseen tanto, pareciera que siempre hicieran- sino porque mientras más plata tenemos, más gastamos. Ese espiral capitalista -que en la práctica es tan difí...

La Novela Luminosa y la estética de ser pobre

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Hace un par de años llegó a mis manos "La Novela Luminosa", un libro del escritor uruguayo Mario Levrero, quién muchos años atrás me cautivó con un relato cortito, pequeño, lleno de puertecitas y dimensiones llamado "El lugar". Lo devoré en sólo una tarde de la vida que tuve en Valparaíso, fumando desparramada en una pera que compré en Casa Ideas y cuyo paradero hoy desconozco. No sabía nada más de él, pues mi relación con la literatura siempre ha sido de ires y venires, poco sistemática, a veces olvidada y otras cuantas llena de belleza. "La Novela..." fue  uno de esos encuentros bellos, sorprendentes, esas obras que te vuelan un poco la cabeza y llenan el espacio de cavilaciones. Me sentí muy identificada con la crudeza que usa Levrero para hablar de si mismo. De una u otra forma, este libro ha estado presente en mi desde que lo leí; se transformó en un referente de lo que siento que puede ser la escritura como ejercicio de (auto)análisis. Hoy en...

De mi investigación sobre el software libre

“En el largo plazo, apostamos a que el acceso a la cultura sea mucho menos restrictivo y terminar con el mercado cultural y la política de incentivos que permite que hayan un montón de abusos dentro de lo que tiene que ver con el licenciamiento, patentes, derechos de autor. El software es el empujón, porque es la vanguardia en estos momentos. Es el ejemplo de que el mundo colaborando funciona bien y que colaborando puede ser más eficiente que el mundo compitiendo. Ese ejemplo, si tú lo expandes a un montón de otros ámbitos, puedes ganar la pelea. El ejemplo del nuevo proyecto de megaupload vendría a demostrar que las empresas disqueras valen callampa . Se están destruyendo mercados, terminas con el intermediario que se lleva mucha plata, y usas ese pedazo de plata y la distribuyes de mejor manera. ¿por qué? Esa es la lógica del frente. Por otro lado hay que estar avanzando en un frente político, con reformas legales, al estado, que permitan que la distribución sea de una manera d...

La verdad

Hace tiempo, perdí la cabeza por la idea de la verdad. Por creer realmente en la posibilidad de llegar al significado último de las cosas, al lugar donde están las respuestas, la verdad universal. En un delirio con paredes verdes y negras, caminé por la vereda que asumí sin retorno, hacia la búsqueda de la última de las máximas. Caminé, volé, me revolqué, pensé que sólo hacia adelante podría mirar a partir de ese momento. Qué ternura.