Cientos de horas navegando en redes sociales, imaginando vidas ajenas. Ver esas fotos tan lindas que le tomas a tu polola y desear ser ella: pero no ser ella por ser tu polola, sino desear ser ella, la mujer a quien le toman fotos bonitas con cámaras análogas para que otros como yo puedan verme a mi como yo la veo a ella: a través de tus ojos y con la belleza que le da el ser amada. Como si la belleza estuviera en el hecho de ser amada y no en sí misma, no en mi misma.
Desarma y Sangra (fragmento)
De forma espontánea, mientras prende el sexto cigarrillo de la corta jornada de trabajo y plantea su idea sobre cual sería la mejor forma de programar el marco teórico (y su idea es buena, ella lo sabe y sus compañeros de trabajo esperan que ella se pronuncie, su juicio es reconocido por ser certero, audaz, y de una u otra forma siempre logra reconducir el discurso del otro al suyo propio) gira su vista hacia el ventanal con las cortinas corridas del departamento de su amigo. En vez de detenerse en la belleza de la ciudad de noche, vista desde una altura panorámica, ve su cuerpo y su rostro reflejados en el vidrio. El impacto que le produce su imagen proyectada la causa una desagradable sensación. Ve su cintura aumentada por el pan que ha comido a destajo la última semana; sus ojeras, esos dos semicírculos alabados por él, de un morado intenso, que la hacen ver enferma, demacrada, vieja. El cigarro, que ha aumentado las precoses líneas de expresión de las orillas de su boca, y que son...
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