Cientos de horas navegando en redes sociales, imaginando vidas ajenas. Ver esas fotos tan lindas que le tomas a tu polola y desear ser ella: pero no ser ella por ser tu polola, sino desear ser ella, la mujer a quien le toman fotos bonitas con cámaras análogas para que otros como yo puedan verme a mi como yo la veo a ella: a través de tus ojos y con la belleza que le da el ser amada. Como si la belleza estuviera en el hecho de ser amada y no en sí misma, no en mi misma.
La Novela Luminosa y la estética de ser pobre
Hace un par de años llegó a mis manos "La Novela Luminosa", un libro del escritor uruguayo Mario Levrero, quién muchos años atrás me cautivó con un relato cortito, pequeño, lleno de puertecitas y dimensiones llamado "El lugar". Lo devoré en sólo una tarde de la vida que tuve en Valparaíso, fumando desparramada en una pera que compré en Casa Ideas y cuyo paradero hoy desconozco. No sabía nada más de él, pues mi relación con la literatura siempre ha sido de ires y venires, poco sistemática, a veces olvidada y otras cuantas llena de belleza. "La Novela..." fue uno de esos encuentros bellos, sorprendentes, esas obras que te vuelan un poco la cabeza y llenan el espacio de cavilaciones. Me sentí muy identificada con la crudeza que usa Levrero para hablar de si mismo. De una u otra forma, este libro ha estado presente en mi desde que lo leí; se transformó en un referente de lo que siento que puede ser la escritura como ejercicio de (auto)análisis. Hoy en...
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